¡HONRAR LA VIDA …Mientras caminas por ella!
Siempre tenemos oportunidades de compartir algún conocimiento, alguna experiencia con los que nos rodean, algo que sea bueno y productivo para el otro, ya que primero lo has experimentado como persona.
Les comparto en esta oportunidad sobre un hermano, mi hermano mayor llamado Abel; comenzó en un tiempo a estudiar sobre un tema muy particular: El mayordomo “Administrador de bienes ajenos”. Después de un tiempo y en estos días lo convocaron nuevamente para desarrollar su tema, con mucha responsabilidad y alegría asumió el compromiso. Hoy hago un aporte a todo ese conocimiento, ya que hablo de él y es una manera de honrarlo por decidir dejar una huella que perdura en su camino, su correo electrónico montesino_abel@yahoo.com.ar
“El consumismo” es un extremo de lo que llamamos “El consumo”, ya que todos consumimos, somos consumidores, la diferencia está en la cantidad.
Todos tenemos necesidades para satisfacer, desde el vientre de nuestra madre. Desde la primera respiración necesitamos un vínculo con ella, tomar de su organismo lo necesario, porque de lo contrario a ella la debilitaríamos y nosotros tendríamos las consecuencias por el exceso.
Allí recibimos el título de: Mayordomos “administrador de bienes ajenos”.
Mi hermano mayor Abel tituló así este tema:
¡SOY MAYORDOMO! Es decir: ADMINISTRADOR DE BIENES AJENOS.
Lo desarrolló ampliamente y en diferentes lugares: La mayordomía de la vida como hijos de Dios. Todo es de Dios.
Y pensando en ese bebé: llegó el momento de salir de ese lugar, de la comodidad con todo lo necesario para vivir, en todo sentido confortable; para encontrarse con él, con su individualidad y en la medida que se desarrolla descubre que está separado de su mamá. Primero necesitó de la leche materna, después del alimento más sólido, pero llegará el momento en que lo tendrá que producir. De alguna manera lo aprendimos en la panza de mamá: Lo necesario, no más, ahora… a producir nuestro propio combustible.
Hay una palabra que se utiliza en muchas disciplinas para expresar hasta dónde es mi lugar, se llama: Límites, aplicada a todas las áreas de nuestra vida.
Somos mayordomos de todo cuanto somos, si nos reconocemos criaturas de Dios nuestro creador, somos mayordomos de todo lo que nos da, incluido todo lo que nos rodea.
El siguiente es un ejemplo de lo que sucede en la convivencia de diferentes clases sociales y cómo el acceder a bienes y servicios es diferente en cada grupo. Algo así llamado “status” teniendo el dinero para acceder a muchos bienes, incluso como dice el término que son necesidades superfluas, deseamos algo que no es una verdadera necesidad para la existencia.
El vivir con lo mejor del mercado, provoca en los que menos tienen un cierto deseo de obtenerlo y con la dificultad que no les alcanza el dinero para adquirirlo.
En todo nivel, pretender satisfacer necesidades que en realidad no son prioritarias, más bien ingresar en el circuito del consumo gastando más de lo que tenemos, traerá muy tristes consecuencias para la economía del hogar. Nos involucra como personas y a todos nuestros sentidos, por lo que la lista de consumo es enorme.
En mi trabajo social con niñez en riesgo y de escasos recursos, descubrí cual es uno de esos productos que desean los niños y adolescentes y que de obtenerlo los llevaría a sentirse un poco más arriba del lugar que ocupan en la sociedad, más integrados a la cotidianeidad y son: las zapatillas. Muchas veces esta necesidad no satisfecha, los lleva a delinquir, al robo.
Cuando lo fuimos descubriendo por comentarios de ellos mismos, logramos que un área de gobierno provincial aceptara un proyecto y nos proveyera de hermosas zapatillas de la talla o número para cada beneficiario, si bien no esas súper caras zapatillas, pero nuevas cambiándolas por las que usaban que estaban muy deterioradas. Ahora sí, no tendrían motivo para dejar la escuela y otros lugares que frecuentan los niños y adolescentes.
La palabra de Dios es una fuente de conocimiento, con pautas muy claras para llevarlas a la práctica en la mayordomía de la vida, marcándonos en todo tiempo “el límite”
Dice Salmos 1:1-3 “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos…sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo y su hoja no cae y todo lo que hace prosperará.”
Que seas un mayordomo aprobado…honra la vida, mientras caminas por ella.
Fuente: Irene Montesino

